A la memoria de Justo Mullor: en caso Maciel, ¿Juan Pablo II hubiera actuado?
"¿Qué hubiera pasado si Justo Mullor se hubiera reunido con el Papa y le hubiera hablado de todo lo que sabía de Maciel?", se pregunta Alberto Athié.

Por Alberto Athié

“¿Qué le correspondería hacer a un caballero leal si supiera que un caballero perverso hace daño a su Rey?”: José Barba

Reflexiones basadas en las últimas entrevistas hechas a Mons. Justo Mullor por varios medios y periodistas, como el periódico Milenio y Valentina Alazraki.

A la afirmación del exclusivo protagonismo de Mullor de que él desenmascaró y entregó a Maciel, y de que fue el estratega principal del caso Maciel, mi respuesta es: no fue él quien lo desenmascaró primero ni, por supuesto, entregó a Maciel como el estratega y protagonista de las denuncias hasta sentarlo en el banquillo de los acusados.

Más bien, fue un actor relevante y ayudó a encauzar las denuncias y los procesos, ciertamente, pero sin jamás comprometerse directamente. Por ello, su participación en y desde México se puede reconocer como importante, pero no determinante, porque nunca quiso arriesgarse ni arriesgar su carrera yendo más allá de lo que impusieron sus reglas en la Santa Sede, de proteger a Maciel, a pesar de la información que ya tenían desde los años 40’s y de los testimonios, hechos y denuncias en su contra a partir de los años 90’s, incluyendo los informes del mismo Nuncia Mullor, como Nuncio en México.

Lo más importante es que no está claro siquiera qué quiso decir con que lo entregó, ¿para qué y a quién? Si fue a Ratzinger como prefecto de la Conregación para la Doctrina de la Fe (CDF), su contribución no llevó a lo que esperábamos todos: que Maciel fuera procesado judicialmente al interior de la CDF, que se le fincaran las responsabilidades respectivas por sus conductas delictivas; que se reivindicara a las víctimas en su dignidad y derechos; que el papa reconociera que se cometió un grave error al protegerlo y, por ende, procedía a sancionarlo directamente de su parte y a exigir revisar las formas de protección que había recibido y a sancionar a los responsables , etc. etc. En realidad nada de eso sucedió.

No fue sino hasta el 2006, ya muerto el papa Juan Pablo II, que la Santa Sede comunicaba que renunciaba a llevar a cabo un proceso judicial en su contra y que se le “invitaba” al P. Maciel a retirase del ejercicio del ministerio público y a llevar una vida de oración y penitencia…

Y sólo hasta el 2010, ya muerto Maciel, se reconoció que había sido un verdadero delincuente, que había cometido no sólo aberraciones morales sino auténticos “delitos graves” y que no había tenido en su vida un auténtico “sentido religioso”.

Justo Mullor -habiendo podido hacerlo por sus cargos en la Santa Sede, como Nuncio en México, como presidente de la Academia de Diplomáticos de la Santa Sede y como alguien cercano a Wojtyla desde el principio de su pontificado-, nunca dijo que se reunió con el Cardenal Ratzinger para informarle con detalle y ratificar su denuncia.

También reconoció que no buscó o vio al Papa para advertirle de los daños gravísimos que Maciel estaba cometiendo en contra de cientos de víctimas, de sus familias, de la comunidad eclesial, de la sociedad en general, de su autoridad en particular y del daño estructural a la Iglesia y a su misión en el mundo, en especial, al cuidado de las niñas y los niños.

¿Por qué no lo hizo? Aun sabiendo, como lo dijo, que Maciel tenía amigos muy poderosos que buscaron hasta el final desacreditar cualquier denuncia en su contra: “es posible que a los oídos del Papa Wojtyla llegaran ecos de esas voces críticas —en sí acertadas, pero deformadas por los simpatizantes de Maciel— de que éste había cometido graves, gravísimas faltas morales tratando de pervertir a algunos de sus jóvenes e incautos seguidores. Pero es evidente que el eco de esas voces era silenciado por el falso e interesado mito de esos amigos de Maciel, quienes repitieron durante años, como un disco rayado, que a esas voces absurdas no era posible darles algún peso o crédito…”

¿Por qué no arriesgarlo todo para que el Papa cumpliera con su misión de Vicario de Cristo y pastor universal llamado por Jesús a cuidar de todas las ovejas, en particular de las más pequeñas? ¿Por qué cuidar tanto las formas en Roma si en México había escuchado por teléfono a las víctimas y había escuchado y aconsejado adecuadamente al P. Roqueñí y a mí de denunciar a Maciel ante la Congregación de la Doctrina de la Fe a pesar de las presiones y marginaciónes de los cardenales y obispos del Club de Roma, apoyados por el cardenal Sodano?

¿Porqué se preocupó más en cuidar la imagen del Papa, cumplir con las formas y en hacer deducciones moralistas sobre lo que no pudo ser (amigo y colaborador cercano) porque no debía ser…que ayudar a que el Papa supiera toda la verdad y actuara de acuerdo con su autoridad? “Yo lo vi rezar de bruces en la nunciatura de Vilno cuando se creía solo, y pasar seis horas seguidas de oración —entre la medianoche y las seis de la mañana— en la de México. Lo vi en Costa de Marfil acariciar gozosamente a los leprosos, a cuyos hijos bautizó como un misionero más. Un hombre y un cristiano así no podía ser realmente un íntimo de Maciel. Como tantos otros —muchos de ellos seguidores en la Legión de Cristo y admiradores fuera de ella—, podía estar engañado, pero no obcecado. La historia lo dirá, y pronto.”

El mismo Mullor le recordó a Valentina Alazraki cómo “Monseñor Julius Paetz, arzobispo de Poznan, compatriota y colaborador suyo al principio de su pontificado (1978!!!), fue suspendido de su cargo por el Papa el Jueves Santo del 2002, a pesar de que jamás aceptó el fundamento de las voces que lo acusaban de faltas semejantes, pero más limitadas, que las atribuidas a Maciel. El Papa no obtuvo de determinados canales la debida información sobre estas acusaciones, sino de su amiga Wanda Poltawska. ¿Por qué Juan Pablo II, de estar debidamente informado, iba a dejar de castigar a Maciel, si había castigado —dura e inmediatamente— a uno de los primeros colaboradores que tuvo en su pontificado?”

¿Qué hubiera pasado si Justo Mullor se hubiera reunido con el Papa y le hubiera hablado de todo lo que sabía de Maciel -como él mismo afirmó que lo había hecho su amiga Wanda- para tenerlo “debidamente informado” y así el Papa hubiera actuado en consecuencia, aunque fuera tarde, como lo hizo con su amigo Julius Paetz? La realidad es que no lo hizo mientras estuvo vivo…

Termino con la frase que le dijo el Dr. José Barba en una sala de la Academia en el 2002, cuando lo buscó en 3 ocasiones porque sus denuncias no avanzaban -seguían detenidas en la CDF por la “presión que el cardenal Sodano ajercía sobre el cardenal Ratzinger” y, por otro lado, el Papa seguía reconociendo a Maciel públicamente y ya estaba muy enfermo-:

“¿Qué le correspondería hacer a un caballero leal si supiera que un caballero perverso hace daño a su Rey?”.

Y fue entonces, según el testimonio del Dr. Barba, cuando Justo Mullor decidió escribirle la carta al secretario particular del Papa, Stanislaw Dziwizs, alertándolo de las graves consecuencias si no actuaba…

Después, según el Dr. Barba, Justo Mullor negó en otra entrevista que había ayudado directamente a los exlegionarios denunciantes, por lo que quedó en entredicho, ante la opinión pública, si había escrito o, no, esa carta y que se la había entregado al Dr. Barba para que la tradujeran al polaco, la firmara el Dr. Roqueñí y se la entregaran al secretario particular del papa y a otros dos prelados para asegurse que se la entregaran.

Otra vez, retractándose de algo que, aunque insuficiente, era importante por el nivel del destinatario, pues él mismo ya había afirmado que trató “de informar a una persona muy cercana al Papa, pero no fue posible…”. Se trata de esta carta para el secretario particular Mons. Dzsiwizs o no? En tal caso, él había colaborado de manera indirecta para tratar de influir para que el papa supiera y actuara en consecuencia y no lo reconoció públicamente… ¿Por qué?

El hecho es que Justo Mullor, en la última entrevista que dio, afirmó que el Papa Juan Pablo no fue “debidamente informado”, sino que fue “engañado” por el mismo P. Maciel y sus secuaces –los cardenales más importantes de la Curia romana y el cardenal Rivera- y que éstos y sus amigos lograron prevalecer con sus versiones y por ello el Papa no actuó como debió hacerlo, como lo hizo por la influencia de su amiga Wanda, respecto de su amigo Julius Paetz.

Mullor dijo que prefirió confiar en la sabiduría y los buenos oficios del cardenal Ratzinger, quien inició las investigaciones formales, sólo hasta finales del 2004 y sólo hasta después de la muerte del papa en el 2006, siendo ya Papa Benedicto XVI, logró que la Santa Sede, renunciando deliberada y públicamente a abrirle un proceso judicial, “invitar” al P. Maciel a retirarse a una vida de oración y penitencia y a no ejercer en público el ministerio sacerdotal. Y sólo hasta el 2010, después de la muerte de Maciel, se le reconoció como un auténtico criminal sin sentido religioso…El daño estaba hecho…

Fue hasta la canonización del Papa Juan Pablo que se dieron cuenta de que reconocer oficialmente que el futuro san Juan Pablo no llegó a estar “debidamente informado” del caso Maciel y por ello, fue engañado y no actuó en consecuencia, no sólo lo seguía haciendo responsable de los graves daños a las víctimas, a la Iglesia y a su misma autoridad por negligencia, sino que convertía a todo el grupo de cardenales “amigos” de Maciel que impidieron que ello sucediera, en el auténtico poder real sobre el mismo papa, lo que comprometía de manera muy grave el principio del papado como la máxima autoridad infalible de la Iglesia.

Entonces, poco antes de la canonización y en medio de graves contradicciones internas, “en la misma semana que el postulador de la causa de canonización de Juan Pablo II, Slawomir Oder, afirmó que el Papa polaco fue ajeno en el caso de Marcial Maciel, a quien se le acusa del abuso de menores, (en cambio) el ex portavoz papal, Joaquín Navarro-Valls, dijo que Karol Wojtyla sí fue informado de las pesquisas hechas por la Congregación para la Doctrina de la Fe en contra el fundador de los Legionarios de Cristo:

“Juan Pablo II no tuvo en la mano el resultado de esta investigación pero sabía que había comenzado el proceso, para ir a fondo en ese caso”, comentó Navarro-Valls.

Tres días antes, Slawomir Oder afirmaba: “Ha habido una investigación específica sobre esto para llegar a la máxima transparencia. Del estudio de todos los documentos ha surgido una respuesta clara: no hubo ninguna implicación de Juan Pablo II en ese caso”.

No sabía…Sí sabía…No sabía… Sí sabía…la institución haciendo todo lo necesario -mentir de una forma, de otra, contradecirse, inventar, todo lo necesario-, con el fin de exculparlo y afirmar como fuera su inocencia de lo que se le acusaba, aunque tuvieran que decir primero, que “No sabía” para beatificarlo y luego dijeran no, claro que “Sí sabía” para canonizarlo…

El punto clave es que supiera o no, fue responsable de los delitos cometidos y de los daños causados por el P. Maciel y sus encubridores, porque fue jefe de Estado, de la Santa Sede y autoridad máxima de la Iglesia católica en todo el mundo, ante las autoridades de los países y de Naciones Unidas. ¿Por qué? Porque lo relevante no es si lo dejaron saber o no, sino que, de todos modos, debió saberlo…

El daño está hecho, pero ¿Si Mons. Justo Mullor hubiera buscado hablar personalmente con el Papa, como lo hizo en su momento su amiga polaca, no sólo para decirle toda la verdad sobre Maciel que él conocía perfectamente, sino, para alertarlo de que si no actuaba el daño para la Iglesia y para su papado serían irreversible, Juan Pablo hubiera actuado?

Texto íntegro:

A La Memoria Del Nuncio Justo Mullor by Aristegui Noticias on Scribd



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