¿La televisión debe ser gratuita?, responde Salinas Pliego
Para el dueño de TV Azteca la televisión abierta debe cobrar por su retransmisión. Indicó que él como propietario no está obligado "a regalar nuestras señales a los sistemas de televisión restringida".
Salinas Pliego se negó a la gratuidad de la retransmisión de su señal porque, dijo, la concesión y la producción cuesta millones de pesos. (Foto: Proceso)

El dueño de Televisión Azteca, Ricardo Salinas Pliego, rechazó, en agosto pasado, la gratuidad por la retransmisión de la señal abierta de TV Azteca, tras el conflicto con empresas cableras, con las que no llegó a un acuerdo y bajaron sus canales.

Azteca, al igual que Televisa, pero en menor cantidad, cobra por retransmitir su señal; ese cobro había sido eliminado en un borrador del “Pacto por México” -firmado el domingo pasado por el PRD, PRI, PAN y el gobierno de Enrique Peña Nieto-, que establecía la gratuidad de los servicios, lo cual finalmente fue modificado.

Lee el artículo íntegro que Salinas dio a conocer en agosto pasado en su sitio de internet, donde responde a la pregunta “¿La televisión debe ser gratuita?“:

En los últimos meses he recibido cientos de mensajes y comentarios a mi blog y a mi sitio de Internet donde me piden que la señal de Azteca regrese a ciertos sistemas de cable que se han negado a pagar por el derecho a retransmitir nuestra señal. El público merece conocer nuestra postura.

Algunos sistemas de cable han decidido no pagar por la señal de Azteca mientras desembolsan cifras millonarias por canales con mucho menor interés para la audiencia. Su argumento para negarse a pagar por nuestra señal es que “la televisión abierta debe ser gratuita”, aunque curiosamente están dispuestos a pagar por las señales de nuestra competencia.

Este argumento es falaz: la televisión abierta no es gratis para los sistemas de cable; en todos los países avanzados, y notablemente en Estados Unidos, los sistemas de televisión restringida pagan cientos de millones de dólares a cadenas como ABC, CBS, NBC o Univisión para obtener los derechos para retransmitir estas señales a sus subscriptores—después de todo, los subscriptores en su conjunto pagan mucho más a los sistemas de cable por este privilegio. Bajo la regulación en EE.UU. a este derecho se le denomina Retransmission Consent .

Por ejemplo, hace unos días DirecTV en Estados Unidos se vio obligada a bajar de su sistema  de televisión restringida distintas señales de Viacom , como MTV, VH1, y una docena de otros canales puesto que no se alcanzó un arreglo en torno a un esquema de compensación satisfactorio para la productora de estas señales. Veinte millones de hogares fueron afectados y con toda razón la gente se enfureció.

Después de unos días, ambas empresas llegaron a un acuerdo, ante los firmes y totalmente justificados reclamos de los subscriptores de DirecTV—empresa que mantiene un presupuesto de US$10 mil millones de dólares al año para comprar programación. Este tipo de negociaciones suceden todo el tiempo en los países donde se respetan los derechos de propiedad intelectual, aún así es muy raro que un sistema de televisión restringida se atreva a retirar las señales de televisión que la gente valora.

En contraste, en México algunos sistemas de cable decidieron no pagar por las señales de Azteca, ignorando las demandas de sus subscriptores a quienes tratan de convencer que es culpa nuestra, sin dar mayores explicaciones.

Muchos de estos subscriptores, furiosos con su compañía de cable, me han solicitado renunciar a nuestro derecho de cobrar por nuestros canales; pero esto sería absolutamente irresponsable porque hacer televisión cuesta mucho y genera un gran valor para la audiencia que busca entretenimiento e información relevante.

Crear una señal de televisión implica estar constantemente en la búsqueda de ideas y nuevos conceptos de programación que puedan ser atractivos para la audiencia; pagar a escritores para desarrollar guiones; producir pilotos y probarlos; así como contratar productores, directores, camarógrafos y actores para producir los programas.

Una vez que se producen o se adquieren los programas procedemos a diseñar y construir una parrilla de programación bien estructurada, medir las preferencias de la audiencia, hacer ajustes, y después… volver a comenzar todo el proceso. Es una labor que nunca termina.

Lo valioso entonces, lo que interesa a la audiencia, es el contenido de la señal, no el medio físico por el que ésta se transmita: cable, fibra óptica, Internet de banda ancha o un fragmento del espectro radioeléctrico .

La televisión no es gratuita: cuesta mucho producirla, independientemente del medio por el que llegue a los hogares. Para nosotros en Azteca, un asunto es tener concesiones para la transmisión de señales de televisión abierta, por las que pagamos más de mil millones de dólares a valor actual, y otro muy distinto es que estemos obligados a regalar nuestras señales a los sistemas de televisión restringida. Esto no sucede en ningún país que respete los derechos de propiedad intelectual.

Somos miles los que trabajamos con gran empeño en Azteca para hacer la mejor televisión de habla hispana, hacerlo cuesta mucho y estamos en todo nuestro derecho de exigir una compensación justa por nuestro esfuerzo y por los cuantiosos recursos que hemos invertido en este negocio. Espero que el público comprenda nuestra posición.







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