“¿Violencia bajo pedido?”, artículo de Carmen Aristegui

Los hechos de violencia durante la marcha del 2 de octubre abren preguntas como "¿quiénes son, realmente, esos jóvenes que provocan violencia calculada y deliberada?", cuestiona la periodista quien reprueba la brutalidad policiaca, e igualmente señala que las agresiones contra policías son inadmisibles.
“¿Violencia bajo pedido?”, artículo de Carmen Aristegui

A continuación el artículo publicado este viernes,  en el diario Reforma: 

“¿Violencia bajo pedido?”

Carmen Aristegui

Periódico Reforma, viernes 04 de octubre 

La conmemoración del 45 aniversario de la matanza de Tlatelolco estuvo marcada por diferentes elementos que concurrieron en las calles.

El primero y principal fue el espacio ocupado por miles de estudiantes, antiguos integrantes del movimiento del 68, electricistas, maestros y ciudadanía en general que marcharon para recordar a las víctimas de la represión gubernamental. Fue una marcha para reivindicar, in situ, el derecho a la manifestación; un llamado a “romper el miedo” -como promovió Artículo 19- y para ejercer la libertad de expresión.

La acción represiva y criminal que mató a los jóvenes en Tlatelolco -junto con otros acontecimientos- dio pie a un proceso largo y sinuoso que colocó el tema de la democracia y el respeto a los derechos humanos como ejes principales de la mayor parte de las batallas sociales, políticas y jurídicas de las últimas décadas. Los miles en la marcha estaban ahí, también, para recordarle a la sociedad y al Estado mexicano que el camino autoritario, totalitario y represivo no va más con una sociedad que no está dispuesta a ceder en los terrenos ganados.

Un segundo elemento que marcó la marcha fue la enorme presencia policiaca -con efectivos de la Ciudad de México- y policías vestidos de civil, cuya adscripción no quedó evidenciada. Para las autoridades capitalinas el despliegue se justificó por los riesgos de violencia que pudiera presentarse, y se presentó. Hubo más de 30 policías lesionados y una cifra indeterminada de manifestantes, periodistas, fotógrafos, camarógrafos, transeúntes agredidos y un puñado de detenidos.

La violencia contra los policías es inadmisible, al igual que la brutalidad policiaca.

A través del “nuevo actor” que son las redes y la comunicación vía internet han circulado fotos y videos que dejan en evidencia la actuación desmedida de los policías.

Ahí está el video de la agresión de granaderos en contra de gente que se encuentra en un estacionamiento. Indigna, especialmente, este video, porque se muestra que no importó a los agresores que estuvieran ahí dos pequeñas niñas a las que se les ve llorosas y con pequeñas heridas en sus piernas. Mujeres y hombres reclamaban a los policías las agresiones.

Varios periodistas y medios fueron agredidos. Artículo 19 identificó que el 80% de estas agresiones las cometieron policías y el resto agresores encubiertos. Circulan, por ejemplo, dos imágenes del fotógrafo Arturo Ramos, de la agencia “librefoto”, con su testimonio sobre los daños que sufrió “a consecuencia de una pedrada arrojada por policías… la agresión fue directa a mi persona cuando intentaba tomar una fotografía de ellos arrojando piedras sobre los manifestantes”.

El tercer gran elemento son los llamados “anarquistas”. Estos muchachos se han convertido en parte de la fórmula: manifestaciones nutridas, presencia policiaca inusitada, encapuchados violentos, detenciones indiscriminadas. Tal como ocurrió el 1o. de diciembre en la toma de protesta de Enrique Peña, los provocadores e infiltrados generaron violencia, desazón e incertidumbre, tanto entre los participantes de la marcha como entre los espectadores. Como entonces, ahora se observó la acción indiscriminada de la policía. En diciembre se detuvo hasta al bolero de Bellas Artes, pero se dejó actuar a los que destrozaban vitrinas. En este patrón de conducta, los muchachos encapuchados hacen gala de histrionismo cuando las cámaras apuntan.

La repetición de estas conductas que involucran a autoridades y “agentes externos violentos” recuerda tiempos que se creían idos.

Héctor Serrano, secretario de Gobierno del DF, respondió a la pregunta ¿quiénes son, realmente, estos jóvenes que provocan violencia calculada y deliberada? Los mismos que trataron de infiltrarse a las filas de los maestros o a las de los estudiantes que marchaban y que fueron rechazados por ellos.

Serrano desglosó en tres grupos la respuesta, resumo mi comprensión: 1) aquellos que estrictamente responden a una ideología anarquista radical que reivindica procedimientos violentos, 2) aquellos que pudieran estar patrocinados por alguna o algunas fuentes de poder que envían estos grupos de choque para crear confusión, miedo y desalentar a la ciudadanía a participar en manifestaciones, 3) los que, ya estando en el lugar de los sucesos, se ven contagiados y se hacen partícipes de las confrontaciones

Serrano dijo que la actuación de estos encapuchados violentos deberá ser investigada por la Procuraduría. Es lo menos que se esperaría de un gobierno de izquierda, ante lo que parece ser una violencia por pedido.



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