“La novela es el terreno de la libertad”: Eloy Urroz
El autor de ‘La mujer del escritor’, cuenta en su nuevo libro la historia de la generación del “crack”.
La novela es el terreno de la libertad Eloy Urroz
Eloy Urroz/Portada (Foto: Héctor González/Alfaguara).

Mientras pasean por el sur de Francia, un matrimonio entra en crisis luego de que la esposa lee a escondidas la novela de su marido. En el marco de un juego literario, Eloy Urroz cuenta la historia de la generación del “crack”, aquella que incluía a Jorge Volpi, Ignacio Padilla y Pedro Ángel Palou y que a mediados de los noventa irrumpió en la república de las letras hispanoamericanas.
En entrevista con Aristegui Noticias, el narrador mexicano habla sobre La mujer del escritor, su novela más reciente.

¿La novela es una acto de resistencia?
Ésta sí, porque es de largo aliento. Murakami dice que la novela es como un maratón, me gusta esa metáfora porque finalmente lo bonito es llegar al final de la competencia, más allá del tiempo o el lugar en que quedas.

Es una novela de resistencia pero muy cercana, ¿no?
Sí, diría que intimista por no decir biográfica y casi siempre jugando con el registro realidad-ficción para que el lector sienta que todo lo leído es verdad. Aquí cualquier similitud con la realidad no es coincidencia. Hay una obsesión por la verosimilitud.

¿A costa suya incluso?
Ha sido quizá mi libro más arduo, esta novela es una ajuste de cuentas conmigo mismo. Casi a mis cincuenta años llegó el momento de poner en claro ciertas cosas. No se trata de ser autocomplaciente ni conmiserativo. Las cosas son así, algunos objetivos se cumplieron y otros no.

¿Escribió la novela para usted o para los lectores?
Siempre había rechazado la frase de García Márquez, “escribo para mis amigos”, sin embargo ahora descubrí que es verdad.

Aunque García Márquez también decía que escribía para que le quisieran. ¿Usted también?
Para mi es casi lo mismo. En primer lugar escribo para que me quieran mis amigos; después para mis enemigos; y por último para todos los demás. Decir que uno escribe para la gente que no conoce es falso. Saber para quién se escribe es aun una pregunta sin resolver pero me gusta cuando Sándor Márai dice que escribe para sus testigos. En la novela hay reflexiones sobre la envidia, éxito, fracaso. Cuento también la historia de la amistad dentro de un grupo de literario, como fue el ‘crack’. En ese sentido el libro podría llamarse ‘El acicate’.

¿Cómo se siente respecto a esa generación?
Me siento como aquel que compró el billete de la lotería y por un número no le atina. No alcancé la fama ni el dinero que quería, pero lo conseguido no estuvo nada mal. Y al mismo tiempo siento que hice una obra.

En su novela contradice la tesis de que el crack fue una etiqueta de marketing…
Porque no es verdad. La idea es nuestra, casi mía. En la novela cuento que nos conocimos en la preparatoria, a mediados de los ochentas y éramos mejores amigos que comparten la literatura. Luego coincidieron la novela de Palou sobre Villaurrutia y la de Volpi sobre Cuesta, no conocíamos a Palou pero nos juntamos y ahí es cuando vamos formando una generación. Le propusimos a Sandro Cohen y Jaime Aljure, la idea de formar un grupo pero ya veníamos con diez años de amistad.

Otra parte importante de la novela es la mujer, de hecho hay dos voces femeninas…
Cierto, “Lourdes” quien replica al novelista y le saca trapitos al sol; y después “Gloria”, quien se asume como la verdadera mujer del escritor. Así tenemos un circo de tres pistas.

Quizá esto fue lo más interesante para usted.
Sí, yo no sabía que las mujeres narrarían la novela. Pero es verdad que mi esposa se metió a mi archivo para leer mi novela y se enfureció, a ella le debo la idea. La novela es en este sentido una invitación a que el lector entre a la cocina del escritor y vea como se prepara el guiso. Los novelistas somos tramposos, usurpamos las vidas ajenas, las alteramos.

¿Cuál es el precio que se paga por eso?
Mi esposa se puso furiosa, le dolió mucho, ahora ya está contenta. No puedo ser de otra manera, este es el libro que necesitaba escribir. Si no lo hubiera hecho, en diez años no me le habría perdonado. El precio que pagaré en el medio literario, tan lleno de ajustes de cuentas, vendrá más adelante. En realidad tampoco espero grandes consecuencias porque la novela es el terreno de la absoluta libertad.

La novela tiene un planteamiento moral, el personaje todo el tiempo se mueve entre la conciencia de lo que está bien o mal.
Tienes razón, hay un planteamiento sobre los límites de la moralidad. ¿Hasta dónde el novelista puede o debe usurpar anécdotas privadas para su ficción? No tengo la respuesta. Pero yo quería que el lector sintiera la exposición del escritor, también por un ejercicio de purga o catarsis.



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