Elecciones en Brasil; Rousseff y Silva, en la palestra
Millones de brasileños acudirán el 5 de octubre a las urnas para elegir a su próximo presidente; también votarán para gobernador en 27 estados, senadores por los mismos distritos y legisladores en la Cámara de Representantes.
Brasil candidatura
(Fotos: Xinhua)

Brasil se prepara para las comicios de este domingo en los que más de 142 millones de personas están llamadas a votar, para elegir a senadores, diputados, gobernadores y Presidente, elección en la que, según encuestas, la gran favorita es Dilma Rousseff.

Tanto Rousseff, del Partido Socialista, y la ecologista Marina Silva del Partido Socialista Brasileño, tienen ventaja frente al candidato Aecio Neves del Partido Social Demócrata Brasileño.

A continuación lo que buscan las principales candidatas:

La presidenta que busca la releeción

Hija de padre inmigrante búlgaro y madre profesora, Dilma Rousseff –economista, exministra y primera presidenta mujer de Brasil- aspira a la reelección para continuar sus políticas sociales, un desafío para el que tendrá que reactivar el crecimiento de la séptima economía del mundo.

Fiel lugarteniente del presidente Luiz Inacio Lula da Silva durante sus dos mandatos (2003-2010), en cuyo gabinete fue ministra de Energía y Minas y jefe de la Casa Civil, la vida de Rousseff está marcada por el periodo de activismo político durante la dictadura militar.

Torturada por el régimen castrense con descargas eléctricas y palizas que le dañaron el útero y la dentadura, esta mujer de 67 años, divorciada y madre de una hija tendrá que hacer frente a la inesperada candidatura de Marina Silva para ser reelecta.

Consciente de que, tras 12 años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), 75 por ciento de los brasileños exige cambios en la forma de conducir al país, Rousseff planteó “más cambios” en su segundo mandato, pero sin perder la línea social.

La presidenta aboga por extender los programas de vivienda social –más de tres millones construidas o contratadas desde su llegada- y la continuación de la bolsa familia, una política de distribución de pensiones alimenticias básicas –en torno a 30 dólares por persona al mes- que llega, según datos oficiales, a más de 50 millones de brasileños de renta baja.

Pero para ello deberá enfrentar dos cuestiones fundamentales: en primer lugar, la vuelta del crecimiento económico, pues Brasil se encuentra en “recesión técnica” y en su mandato el Producto Interior Bruto (PIB) creció de media en torno al 2.5 por ciento.

En segundo lugar, deberá devolver la credibilidad a Petrobras, la estatal brasileña gestora de las inmensas reservas de petróleo, cuya venta debe financiar los avances en educación y sanidad, después de los escándalos de corrupción que la afectan desde hace meses.

En el último debate antes de la primera ronda de los comicios, celebrado la noche del jueves, Rousseff defendió su experiencia al frente de la gestión del país y pidió al electorado que, si no quiere perder los beneficios sociales que han sacado de la pobreza a 40 millones de personas en una década, la voten.

Los últimos sondeos la sitúan como clara favorita: con 40 por ciento del apoyo popular, aventaja a Silva en 15 puntos y, en un más que probable segundo turno, el 26 de octubre, tendría 10 puntos más que la candidata ecologista.

La candidata ecologista

Nacida en el seno de una familia humilde residente en el Amazonas, Marina Silva, de 56 años, negra y de confesión evangélica, es la favorita para entrar en la segunda ronda de los comicios presidenciales de Brasil, un país para el que aboga por acabar con la “vieja política” de los partidos.

Es hija de padres campesinos oriundos del noreste del país y que criaron a 11 hijos.

Su infancia estuvo marcada por la muerte de tres hermanos y de su madre, ocurrida cuando ella tenía 15 años, así como por el empleo en el campo y –posteriormente- su trabajo como empleada doméstica.

La hepatitis cambió el curso de su destino a los 16 años, cuando decidió emigrar a Río Blanco, la capital provincial, buscando tratamiento médico y alfabetización. La educación fue el fundamento de su nueva vida: aprendió a escribir, se licenció en Historia e hizo dos posgraduados en Sicología.

Marcada por una carrera personal y política en la que destacan la superación personal y los ideales ecologistas, Silva es la gran esperanza para las clases medias urbanas que ven en ella una líder capaz de acometer un regeneracionismo en la política brasileña, profundamente desacreditada por la corrupción y el corporativismo.

Esta esbelta mujer, de aspecto frágil –causado, sin duda, por las tres hepatitis y las cinco malarias sufridas-, ferviente lectora de la Biblia y con gran capacidad oratoria se erigió como candidata del Partido Socialista Brasileño (PSB) por accidente.

En primer lugar porque se unió al PSB en 2013, después que su propia formación -Red Sustentabilidad- fue impedida de participar en los comicios por una polémica decisión de la Justicia de invalidar parte de las firmas necesarias para la formación del partido.

Pero su candidatura se debe sobre todo al fallecimiento del candidato Eduardo Campos en un accidente de avión el 13 de agosto, en un suceso que marcó sin duda la dinámica de la campaña electoral y los propios comicios del domingo 5 de octubre.

Ello no significa que sea una inexperta en política de Estado, pues además de ser concejal y senadora también ocupó la cartera de Medio Ambiente en el primer gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inacio Lula da Silva, con quien compartió filas más de dos décadas.

Asimismo fue candidata a la Presidencia por el Partido Verde en 2010, campaña en la que obtuvo 19.6 por ciento de los votos –recibiendo el respaldo de 20 millones de electores-, y demostró que tiene posibilidades de convertirse en la primera presidente negra de Brasil.

Su candidatura emergente en los sondeos tras la muerte de Campos la situó como gran favorita: llegó a liderar las encuestas en un eventual segundo turno ante Dilma Rousseff con 10 puntos.

Pero la debilidad de las alianzas de su partido y errores estratégicos en la campaña, con una posición inicialmente progresiva sobre los derechos de los homosexuales que rectificó en 180 grados tras ser criticada por los evangelistas, la han hundido en las encuestas.

Con 25 por ciento de los apoyos, Silva está a 15 puntos de Rousseff en el primer turno y a tan solo cinco de su principal amenaza para ir a la segunda vuelta, el centroliberal Aécio Neves.

En un hipotético segundo turno con Rousseff, Silva, actualmente con 10 puntos menos, perdería, pero –en una campaña donde las encuestas han subido y bajado como una montaña rusa- nada está decidido.

(Con información de Xinhua y Notimex)



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