Nuevos aires de alternancia: ¿A dónde se conduce al país?, artículo de Julio Moguel
A la élite de la clase política gobernante parece no importarle demasiado si las siglas que gobiernen sean del PRI o del PAN, sostiene el articulista.
Los nuevos aires de la alternancia
(Foto: NTMX)

Los nuevos aires de la alternancia: ¿Hacia dónde se conduce al país?
Julio Moguel

I. Peña Nieto y Mancera frente a los datos duros de su popularidad

Partamos de los datos de la encuesta de El Universal del pasado 4 de julio, cuando colocó la popularidad de Enrique Peña Nieto y de Miguel Ángel Mancera “en caída libre”. El 44% que el primero tenía de aprobación en febrero de 2014, con un empuje positivo que llegó al 48% en mayo del mismo año, inició un proceso de descenso que lo colocó en el 37% de aprobación en febrero de 2015, y, ya para el presente año, en el 32% en marzo y en el 29% en junio. Ello se tradujo en 63% de “desaprobación” de la función presidencial, dentro de los parámetros de la encuesta (“reprueban mucho o algo”). Por su parte, Mancera saltó del 41% al 50% de aprobación entre febrero y junio de 2014, pero sólo para caer vertiginosamente al 38% en enero de 2015 y al 24% y 17% entre marzo y junio de 2016. Con niveles de reprobación que podrían considerarse escandalosos: del 55% en febrero de 2014 al 70% en junio del presente.
La tendencia no es despreciable para comprender de alguna forma lo que sucedió en las elecciones del pasado 5 de junio, en la que el priísmo –fuerza partidaria del Presidente– perdió plazas políticas decisivas y el perredismo –fuerza partidaria que apoya a Mancera– se desfondó prácticamente como tercera fuerza nacional. El posicionamiento positivo más notable es sin duda el del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), pero no se queda atrás el del Partido de Acción Nacional (PAN) que, derrotado y humillado por su “docena trágica” (los doce años en los que tuvo la Presidencia del país) en y con el ascenso de Peña en 2012, adquirió, con sus resultados electorales recientes, una plataforma envidiable para pensar, como buenas posibilidades, un nuevo ascenso al poder.

II. La alternancia como careta de un poder transexenal

Es ese mismo fenómeno relativo al desprestigio de los cuerpos políticos de partido de tipo tradicional lo que explica acaso otro fenómeno importante de nuestros últimos tiempos: a la élite de la clase política gobernante parece no importarle demasiado si las siglas que gobiernen sean priístas o del PAN. Lección que fue muy bien aprendida por Ernesto Zedillo Ponce de León, quien en las elecciones de 2000 no tuvo problema alguno en entregarle la estafeta presidencial al señor Vicente Fox.
Derivemos entonces lo más rápidamente posible la lección: la derrota del PRI en las elecciones del pasado mes de junio no implicó necesariamente que el Presidente y su grupo sufrieran una derrota, pues bien miradas las cosas los triunfadores panistas no eran ajenos a las élites más encumbradas del poder.
Se conforma entonces un nuevo sistema político en el que el juego que se juega es el de la alternancia entre encuadres política configurados a modo. La cúpula del gobierno federal –cúpula de las élites gobernantes– prepara la entrega ordenada de su fuerza política efectiva a un nuevo sexenio con marca blanquiazul.

III. La “gran clase política” en el juego pendular

Detrás de este proceso de transición política hacia una alternancia puesta a modo por el equipo del Presidente quedan firmemente instaladas las llamadas reformas estructurales (y medidas de política económica, como el más reciente gasolinazo), que vuelan y se imponen a contrapunto de cualquier termómetro de popularidad. Es decir: el “costo” presupuesto en abandonar los bártulos del poder presidencial en manos del PAN es un costo calculado y negociado en alguna medida por las élites nacionales e internacionales de poder. Porque ese costo político que se está “dispuesto a pagar” tiene la gran ventaja, para los núcleos económicos nacionales e internacionales actualmente hegemónicos, de poder ir al fondo en transformaciones profundamente anti-populares (como son las neoliberales de nueva generación actualmente en curso) sin tener que ocuparse del mencionado tema de la popularidad (que implica la preocupación partidaria por los votos).
El sistema pendular actualmente representado por la mencionada alternancia política entre el PRI y el PAN tiene otro registro positivo para los núcleos de la “gran clase política” en la que se incluye el perredismo, a saber: que “la izquierda” perredista puede jugar sin rubor o sin inhibición alguna con cada uno de los polos, dependiendo por supuesto de la específica ocasión: en el “regreso” del PRI con Peña Nieto con el denominado Pacto por México para el periodo 2012-2018; o en alianza ahora con el PAN para “sacar al PRI de Palacio” en el periodo 2018-2024.
Descolocada entonces en definitiva en cuanto a sus tradicionales valores estratégicos, la fuerza partidaria perredista gana posiciones políticas de aparato en la misma medida en que pierde verticalidad y fuerza real (la que corresponde a sus niveles de vinculación y de representación de movimientos sociales y políticos genuinos que vienen “desde abajo”).

IV. ¿Quién ganará en el proceso de polarización?

Que lo anterior pueda ser capitalizado y potenciado por fuerzas políticas de nuevo cuño como Morena resulta una obviedad de Perogrullo. Mas ya no hay espacio en este texto para tratar demostrar los elementos que marcan el ascenso indiscutible de esta específica fuerza política nacional. ¿Para bien? ¿Para mal? No queremos aquí mostrar inclinaciones sino sólo marcar lo que nos parece las rutas de un mapa leído con objetividad.
| ¿Qué se proyecta para los meses que siguen y que conforman el “antes” de una nueva fase política de transición? No somos ni pretendemos ser adivinos o armar uno de esos famosos esquemas que tanto gustan a la clase política de “prospectiva político-electoral”. Pero en los escenarios que vienen seguramente viviremos un serio e inédito –acaso extremo, como en las grandes crisis de época– proceso de polarización. ¿Quién estará en cada uno de los polos? En unas semanas más podremos calcular.



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