‘La novela policíaca es catártica en tiempos de crisis’: Pierre Lemaitre
El escritor francés publica ‘Tres días y una vida’.
(Redacción AN/Salamandra).

Entre la enorme cantidad de escritores de novela policíaca, pocos tienen el pulso del francés Pierre Lemaitre (1951). Su fama de tipo duro se debe más que otra cosa, a que es implacable con sus personajes. No da espacio a la redención y por el contrario los lleva hasta las últimas consecuencias. Así lo muestra Tres días y una vida (Salamandra), su novela más reciente y donde reflexiona sobre la culpa a partir del crimen que Antoine comete a la edad de doce años.

Al margen de esto, Lemaitre –ganador del premio Goncourt-, tiene una saga de historias policíacas que bien se pueden incluir entre lo mejor del género. Ha creado el personaje de Camille Verhoeven, para protagonizar Camille, Alex y Rosy & John, todos publicados por Alfaguara.

¿En qué momento se decantó por la novela negra?

No fue tan difícil, de hecho resultó bastante obvio. Era un gran lector de novela policíaca y quería provocar en el lector, el placer que me producían estos libros. Literariamente, crecí leyendo literatura popular: Alejandro Dumas, Víctor Hugo. La novela policíaca es el género popular del siglo XX que es mi siglo.

Es el género popular, pero también menospreciado por la crítica.

Cierto, en Francia sigue siendo considerado un género menor. Cuando me dieron el Premio Goncourt, muchos críticos y autores se sorprendieron. Un escritor de policíaco carece de legitimidad y para muchos no es un autor verdadero.

Sin embargo vemos un boom de literatura policíaca, tenemos a los nórdicos, españoles, franceses, argentinos…

Hay varias explicaciones para este fenómeno. Durante mucho tiempo, las novelas policíacas fueron novelas industriales. Se les pagaba muy mal a personas que debían escribir libros muy rápido porque eran de alto consumo. Es verdad que entonces había pocas obras buenas. Durante los años cincuenta había pocos buenos escritores del género, la mayoría de los detectives eran muy parecidos. Incluso Raymond Chandler era bastante malo, lo que le ayudaba eran sus finales. La novela policíaca atrajo a grandes escritores mucho más tarde, pero su origen industrial sigue siendo su losa, tal y como sucede con el cómic.

Alguna vez García Márquez dijo que el origen de la novela policíaca estaba en la Biblia con el asesinato de Caín y Abel.

García Márquez podía decir cualquier cosa, yo no estoy a ese nivel. Pero sí tiene razón en el sentido de que la novela policíaca trata de las grandes pasiones humanas, como los grandes relatos de la antigüedad, como la Biblia o las tragedias griegas: dominio, venganza, celos.

Otros autores de policíaco como James Ellroy dicen que es un género idóneo para hablar de la corrupción en el ser humano.

En parte es verdad, aunque creo que la sociedad se refleja también en muchos otros géneros novelísticos. En general la literatura está para hablar del mundo. Sin embargo, es cierto que el policíaco se desarrolla más en periodos de crisis, y en este aspecto Ellroy tiene razón. En momentos de crisis o caos la gente siente inseguridad y necesita buscar una válvula de escape, y proyectar la violencia sobre los demás. La novela policíaca, es decir, funciona como algo catártico en tiempos de crisis.

¿A usted le funciona como algo catártico?

Sí, porque cuando escribo mis libros y vivo dentro de mis relatos me siento más en paz conmigo mismo.

¿Por eso le gusta llevar a sus personajes a situaciones extremas?

No, lo hago porque la novela policíaca aísla momentos en que las pasiones han llegado a su máximo de incandescencia. Es un género que se concentra en las situaciones extremas donde la densidad afectiva es fuertísima. La novela policíaca funciona con este material. Si hay situaciones límites en mis libros no es para mi propia catarsis, sino porque son útiles para explicar el mundo. Yo, como persona no soy violento pero el mundo sí lo es y mi trabajo consiste en reflejar el mundo tal y como lo veo.

Cuesta trabajo creer que usted no es un hombre violento.

Es curioso… y raro. Tengo esa fama pero en realidad no soy un autor violento, aunque es verdad que soy un poco malvado con mis propios personajes. En realidad veo las cosas de otra manera. Para que una novela negra sea lograda se requiere que los personajes sufran. Con una pareja enamorada, con hijos bonitos y que viven en una buena casa, no se puede escribir una novela buena policíaca.

Creo sin embargo, que sus novelas van más allá de la novela policíaca y trastocan los valores morales. En Tres días y una vida, muestra a un joven de doce años que mata a uno de seis, dígame si esto no es trasgresor.

La literatura es trasgresora por definición; tal vez el policiaco sea el más trasgresor de todos los géneros literarios. Sobre su comentario acerca de la moral, me parece que uno de los papeles del policiaco es colocar al lector en la posición de elegir si está de acuerdo o no con el personaje. Una manera de ahondar en la comprensión del mundo es escribiendo relatos en donde el lector debe tomar una posición, es una función de la literatura.

¿Qué tipo de relación establece con sus personajes, pensemos en Antoine, de Tres días y una vida?

Con Antoine tenía una relación basada en la compasión; sentía mucha tristeza y sufría por él; tenía que hacerlo sufrir y a pesar de ello le tuve afecto. Fui bastante desdichado al escribir sobre él. Pero escribí esa historia precisamente para explicar que es lo que le hacía infeliz, tenía que hacerlo sufrir para hablar del sufrimiento y la culpa.

¿Ha desarrollado una teoría acerca de la narración?

No, tengo un concepto de la literatura, pero no una teoría. Soy más bien pragmático. Mi concepto de la literatura es posmoderno, todas las historias ya se contaron y nuestro papel como autores modernos es seguir contando esas mismas historias, pero actualizadas para hablar del presente. Necesitamos hacer que la literatura sea actual. En mi última novela retomo la historia de Montecristo y la traslado a 1930, es decir apuesto a llevar una historia universal de ruina y pobreza, al presente para demostrar su vigencia.

¿Encuentra estimulante el presente de Francia y Europa para escribir?

Salvo en mi novela Recursos Inhumanos, donde hablo del desempleo, no me inspiro en la realidad. Prefiero distanciarme de la actualidad porque no me interesa ser un simple comentarista, para eso tenemos a los periodistas y yo soy un novelista. Quizá en veinte años habla de la actualidad de hoy.

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