“Presidencia de Peña y su fobia a la protesta”: Maldonado (Artículo 19)
"Manifestantes, periodistas y hasta transeúntes han padecido la regresión autoritaria en la Ciudad de México, Puebla, Quintana Roo, Veracruz, Chiapas, Guerrero", escribe el Oficial del Programa Legal de ARTICLE 19.
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Foto: José Hernández/ Archivo Cuartoscuro

*Se reproduce el texto de  Leopoldo Maldonado, Oficial del Programa Legal de ARTICLE 19

La protesta social no es el derecho favorito del presidente Peña Nieto y el grupo en el poder. Ello a pesar el actual titular del Poder Ejecutivo federal prometió como candidato “proteger el ejercicio de este derecho en todos los espacios públicos del territorio nacional y fomentar una cultura de respeto y tolerancia a todas las expresiones políticas”.

Atenco fue piedra de toque de su gobierno en el Estado de México y su campaña presidencial. Y sigue siendo una reverberación del pasado que se acumula a los nuevos hechos que ponen en tela duda su vocación democrática.

Su visión de la protesta social permea más allá de un suceso cuyas consecuencias siguen padeciendo los pobladores de San Salvador Atenco y que desembocó en 2 personas muertas, cientos de detenidos y al menos 26 mujeres víctimas tortura sexual. Fue y es un discurso que cristaliza una forma de ejercer el poder.

El sábado 1 de diciembre de 2012, durante la  ceremonia de transmisión del poder presidencial, las policías federal y capitalina exhibieron lo que se sería un actuar sistemático en manifestaciones subsecuentes: la mano dura contra manifestantes y quienes documentan la protesta. Los resultados fueron fatales y se tradujeron en cientos de detenciones arbitrarias, tortura y las lesiones graves que acarrearían la muerte del activista Francisco Kuykendall un año después. Sin ambages, el nuevo presidente detonó la persecución de quienes se articularon en contra de su candidatura; aquellos a quienes entre dientes reconoció su “valor como movimiento” (#Yosoy132).

A partir de este hito, la élite política en connivencia con un gobierno federal mudo pero condescendiente, optó por recrudecer los controles sobre el espacio público, ya no solamente contra estudiantes, sino contra otros sujetos y actores disidentes. La receta ha sido desde ese momento leyes más restrictivas, mayores detenciones, ataques a la integridad personal, menos rendición de cuentas de los elementos policiales y sus mandos.

Manifestantes, periodistas y hasta transeúntes han padecido la regresión autoritaria en la Ciudad de México, Puebla, Quintana Roo, Veracruz, Chiapas, Guerrero.  No alcanza un texto como éste a recoger tantas protestas de diversas magnitudes reprimidas de 2013 a la fecha.

Recordemos que una protesta provocó la de por sí alarmante crisis de derechos humanos. Ocurrió en Iguala la noche del 26 de septiembre y madrugada del 27; derivó en uno de los hechos que quedarán en el memorial de la infamia: 43 estudiantes normalistas desaparecidos, 6 muertos y 27 heridos. A raíz de ello, más protestas se detonaron, miles de personas que habían desistido de ocupar las calles desde hace años, salieron de nuevo. El gobierno se escudó en la paranoia diazordacista de los sesenta, acudió a los atajos retóricos y se atascó en los lugares comunes de los “desestabilizadores, violentos, bravucones”. Como correlato, la acción jurídica de represión y criminalización alcanzó su cenit el 20 de noviembre del 2014 con once personas detenidas, llevadas a la SEIDO y trasladadas a un penal de máxima seguridad en Veracruz acusadas de asociación delictuosa, motín y otros delitos.

No, la protesta no es bienvenida para el actual habitante de Lo Pinos, su círculo cercano y aliados políticos en distintas regiones del país. Es vista como un lastre con el cual hay que lidiar, como una distorsión de la vida política; es exceso y sinónimo de caos. A contrapelo de esta visión, la vida democrática demanda una ciudadanía activa que ocupe las calles y remueva a las instituciones cooptadas  por intereses particulares.

A mitad del gobierno peñanietista urge un viraje que garantice efectivamente el derecho de todas y todas a ocupar el espacio público para verter sus demandas e inquietudes. Menuda tarea para quienes con sus actos abjuran de los valores democráticos.

@snaiperG



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