La historia detrás del asesinato de Rubén Espinosa y Nadia Vera
“Acuérdate de lo que le pasó a Regina Martínez”, le dijeron a Rubén Espinosa. Esta es la segunda parte de una investigación especial realizada por Periodistas de a Pie.
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Foto: Ehécatl Ríos/ Cuartoscuro

Por Daniela Pastrana

Este reportaje fue realizado como parte de la Beca Mike O’Connor, del International Center for Journalists (ICFJ) y de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Americas, que ICFJ tiene en alianza con Connectas.

Parte 2. La conexión con Nadia Vera

Rubén Espinosa fue asesinado en un departamento de la colonia Narvarte, de la ciudad de México, junto con cuatro mujeres. Sólo conocía a una de ellas: Nadia Vera, su amiga y compañera de causas durante tres años.

La había conocido en 2012, durante la acampada de 60 días que los estudiantes hicieron en el centro de Xalapa en protesta por el resultado electoral en las presidenciales de ese año. Nadia había crecido en Chiapas, pero en 2005 se mudó a Veracruz para estudiar antropología social. Era una activista cercana al grupo de estudiantes de humanidades que entre 2012 y 2014 tuvo en jaque al gobierno de Javier Duarte.

En su último año en Xalapa, fue la monitora de seguridad del grupo. Cuando las agresiones contra los estudiantes crecieron demasiado, y después de que unos desconocidos allanaron su casa, la joven emprendió una nueva mudanza. En noviembre de 2014, llegó a la ciudad de México a buscar trabajo y un lugar de renta compartida. Seis meses después, Rubén siguió sus pasos.

Ocupados en sobrevivir en la capital del país, no se veían regularmente. El 30 de julio de 2015 se reunieron a tomar unas cervezas en el departamento que Nadia rentaba con otras tres chicas. Rubén llegó con otro amigo, al que conocía de la infancia, pero tampoco frecuentaba mucho. Ahí estuvieron toda la noche. Al día siguiente, Rubén y Nadia fueron asesinados, junto con otras tres mujeres (dos que vivían ahí y una que trabajaba en la limpieza del departamento). Sus cuerpos quedaron en el suelo de una de las habitaciones, aislados de los otros.

***
El movimiento estudiantil de la capital de Veracruz había comenzado en agosto de 2011, con una protesta contra el alza del transporte público que fue reprimida. En septiembre de ese año, los jóvenes salieron a las calles, junto con miles de personas que acompañaron la caravana del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezaba por el poeta Javier Sicilia, a su paso por la ciudad. También se sumaron, a finales de ese año, a la ola mundial de “indignados”. Para mayo de 2012, cuando las campañas contra el candidato del PRI en las presidenciales de ese año, se activó totalmente el movimiento estudiantil.

“Xalapa marcha, especialmente por motivos adecuados”, dice el activista Julián Ramírez, uno de los principales protagonistas de esa parte de la historia.

En el movimiento “antipeña”, los estudiantes montaron un campamento en la Plaza Lerdo el 3 de julio de 2012, un día después de la elección presidencial. La acampada se convirtió en eje de protestas masivas durante dos meses y culminó con la toma del Ayuntamiento de Xalapa, el 1 de septiembre. “Ahí conocí a Nadia”, recuerda Julián.

Los jóvenes tenían el control del comedor del área de humanidades de la Universidad Veracruzana. Después de la toma del palacio, ocuparon una casa cerca del centro a la que llamaron Casa Magnolia. Los siguientes dos años, la Casa Magnolia se convirtió en el eje operativo de un grupo de estudiantes que reivindica el anarquismo como forma de organización.

El 15 de septiembre de ese año, planearon dirigir luces verdes al rostro del gobernador Javier Duarte, durante la celebración del Grito de Independencia.

La respuesta fue desproporcionada: tres estudiantes -Natán Abdiel Hinojosa García, Mario Alberto González Serrano y José Jaime Marcial y Hernández, integrantes del Frente contra la imposición-, fueron detenidos por policías estatales. Los subieron a una patrulla y durante tres horas los tuvieron retenidos ilegalmente. Los incomunicaron. Les pusieron una pistola en la cabeza. Los robaron. No los presentaron ante ninguna autoridad ministerial. Los dejaron afuera de Xalapa. Días después de la denuncia, el jefe de la policía, Arturo Bermúdez, negó la versión de los estudiantes: “No tenemos el dato de ninguna detención en Xalapa. En las redes sociales podrán quejarse pero no tenemos ningún detenido”.

Era apenas la primera señal de lo que vendría después. El 20 de noviembre de ese año, los jóvenes desplegaron una manta desde el hotel México en donde tenía una leyenda referente a no más asesinatos de periodistas. Una integrante del Frente Contra la Imposición (FCI), relató que la manta decía: “Duarte el pueblo te tiene en la mira, ni perdona, ni olvida: No más periodistas muertos. FCI”.

Una decena de activistas, entre ellos Nadia Vera, fueron golpeados y detenidos. Rubén Espinosa tomaba fotos de la protesta y cuando quiso documentar que llevaban jóvenes al interior del hotel, recibió una amenaza que resultó profética: “Acuérdate de lo que le pasó a Regina Martínez”.

Estos tres testimonios anónimos, de diferentes personas, de lo que pasó ese día, fueron difundidos entre las redes de estudiantes:

1.- “Mujeres policías vestidas de civil arrastraban a una compañera. Mientras grabo que la golpean, llegan por mí otras mujeres, me quitan el celular, nunca me lo regresaron. (…) En Lucio me empiezan a arrestar, golpeándome. Amenazándome en todo momento Que ya había valido madre, que sabían quiénes somos. Detienen a otras por defenderme. Otro policía se las lleva. Me dejan y se van detrás de las demás. Pasa una patrulla y le dicen que me lleven. Iba sola en la patrulla. Dicen que la orden es sacar a todos los integrantes del frente porque estaba alterando el orden. A mí no me presentan, me dejan en una calle. Detienen a 12. A dos compañeras las obligaron a desnudarse, una a hacer sentadillas y le metieron los dedos en la vagina. A los demás los golpearon. Que le bajemos a nuestro desmadrito.”

2.- “Cuando un periodista empieza a tomar las fotografías nos sueltan. Otro policía recibe la orden y arremeten: ¿cómo no?, sí los vamos a chingar. Nos llevan a madrazos. Nos suben a las camionetas, nos golpean en los testículos, en el rostro. (…) En ningún momento nos dijeron por qué se nos detenía. Cuando estábamos a punto de salir nos dicen que por el bando de policía y buen gobierno ellos pueden detenernos cuando quiera”.

3.- “Estaba saliendo, con alguien más, del hotel México cuando pasaron unos policías y un hombre vestido de civil. El hombre de civil nos señaló y les ordenó a los policías: ‘agarren a esos dos’. Los policías nos detuvieron y les preguntamos: ¿Por qué nos detienen? no nos contestaron y nos dijeron que nos meterían al hotel y nos madrearían. En ese momento llegó un reportero a tomar fotos y empezamos a gritar que nos querían madrear. Nos soltaron”.

Lo peor estaba por venir. Lo supieron casi un año después, el 14 de septiembre de 2013, durante el desalojo de maestros de la Plaza Lerdo. “Ese día conocimos a la nueva policía de Veracruz. No eran los policías gorditos, eran tipos altos, fuertes, entrenados para golpear”, recuerda una de las estudiantes del grupo anarquista.

***

Una de las jóvenes más activas en el grupo anarquista reflexiona lo que, desde su perspectiva, fue la ofensiva final para el grupo que se reunía en Casa Magnolia: “Creo que lo que terminó por desbarrancar todo fue el discurso de la manifestación por los estudiantes de Ayotzinapa”.

La protesta a la que se refiere fue el 22 de octubre de 2014. Desde el templete, Julián Ramírez gritó al gobernador Javier Duarte y al jefe de la policía, Arturo Bermúdez: “ustedes son los Zetas”.

Cinco días después, en una carta pública dirigida al gobernador Javier Duarte, 86 profesores e investigadores de la Universidad Veracruzana, integrantes del Sistema Nacional de Investigadores de todos los niveles, miembros de la Orquesta Sinfónica y de académicos de Coatzacoalcos, Córdoba, y organizaciones civiles LaVida, Colectivo por La Paz y Maíz, entre otras, denunciaron “una escalada de amedrentamiento hacia los movimientos estudiantiles, en particular en la Unidad de Humanidades en la Universidad Veracruzana, por policías vestidos de civiles”. Las acciones incluían espionaje y hostigamiento, algo que los periodistas críticos de Xalapa conocían bien desde 2012.

Para entonces, Nadia Vera ya preparaba su salida de Xalapa y Rubén Espinosa se había convertido en uno de los pocos reporteros a los que los anarquistas le permitían estar cerca de sus actividades.

“Rubén nos enseñó a distinguir prensa de periodistas y con él se abrió una puerta de confianza. Tuvo acceso a un periodo muy especial para el movimiento anarquista de Xalapa. Para nosotros, era un halo de seguridad”, dice Julián Ramírez.

El gobierno de Veracruz tenía en puerta los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se realizarían del 14 al 30 de noviembre y al que Javier Duarte le había apostado buena parte de su estrategia de comunicación para mantener la idea de que el estado estaba en calma. En una reunión a puerta cerrada una semana antes del evento deportivo, la rectora de la Universidad Veracruzana, Sara Ladrón de Guevara, pidió a los representes universitarios firmar una postura oficial para pedir al resto de la comunidad universitaria no protestar durante los Centroamericanos ni ligar la protesta con la desaparición de 43 estudiantes. Los audios de la reunión fueron difundidos por el portal Plumas libres.
(Audio 1, audio 2)

12 de noviembre de 2014, en la inauguración de los juegos, y con el grito de “No queremos juegos, queremos justicia”, los estudiantes apagaron la antorcha. El único fotógrafo al que dejaron subir al templete fue Rubén Espinosa.

RUBÉN ESPINOSA TOMA FOTO EN TEMPLETE

La situación, para muchos críticos del gobierno, ya era insostenible. El 3 de diciembre, organizaciones sociales enviaron una carta a Plumas Libres pidiendo detener el acoso policiaco contra estudiantes de Humanidades de la Universidad Veracruzana y la “política de terrorismo de Estado que se aplica recurrente y sistemáticamente”.

Nadia Vera se fue de Xalapa. Ya no se quedó a ver el último capítulo de una historia que cuesta trabajo creer y que tuvo como punto culminante el proceso electoral de junio de 2015.

El 1 de junio, unos encapuchados lanzan bomba molotov en la Junta Distrital 10 del INE de Veracruz. El gobierno de Veracruz difundió clandestinamente una especie de manual en el que señala a varios académicos críticos y activistas, entre ellos Julián Ramírez, como radicales que buscaban boicotear la elección.

Avance Del Proceso Electoral Federal v2 by Aristegui Noticias on Scribd

El 5 de junio, ocho estudiantes que estaban en una fiesta fueron golpeados con bats, machetes, y palos con clavos por una decena de hombres encapuchados. Cuando otros estudiantes llegaron a su auxilio, vieron afuera, sin hacer nada, a tres patrullas de la policía estatal. Tiempo después videos enviados de manera anónima a Plumas Libres evidenciaron que minutos después del ataque, tres sujetos vestidos de civil llegaron a la escena del crimen, dando órdenes a los policía.

Rubén recibió una llamada de una de las estudiantes que llegó al auxilio de sus compañeros. Tomó las imágenes que envió a Cuartoscuro.

XALAPA, VERACRUZ, 05JUNIO15.- Al rededor de la 1:00 de la mañana de este viernes, 8 estudiantes de la Universidad Veracruzana fueron brutalmente golpeados por hombres encapuchados con chalecos tácticos policiales, bates de béisbol, machetes y palos dentro de una casa habitación en la calle Herón Pérez 2 bis de la capital del estado mientras celebraban el cumpleaños de uno de ellos. Al retirarse los agresores arribaron elementos de la Secretaria de Seguridad Pública (SSP) a tomar fotografías de los estudiantes agredidos sin prestar ningún tipo de ayuda y recibiendo la orden de retirada por parte de unos hombres abordo de un vehículo blanco. Los estudiantes fueron trasladados al Centro de Especialidades Médicas (CEM) con heridas de gravedad, fracturas craneales; dos de ellos perdieron toda la dentadura y uno más tiene la cara partida por un golpe que recibió con un machete. Los padres de los estudiantes aseguraron que en las próximas horas van a retirar a sus hijos por temor a ser ultimados en el hospital. FOTO: RUBÉN ESPINOSA /CUARTOSCURO.COM

Dos días después, vio que lo seguían y decidió que era tiempo, también, de salir del estado.

Llegó a la ciudad de México el 10 de junio. Cincuenta días después, fue a tomar unas cervezas con su amiga Nadia Vera. Y al día siguiente, en el departamento que ella compartía, fueron asesinados, junto con otras tres mujeres: Yesenia Quiroz y Mile Virginia Martín, sus roomies, y Alejandra Negrete, quien trabajaba haciendo el aseo.

Un año después, la Casa Magnolia, donde Rubén dio cursos de seguridad, dejó de existir. Los estudiantes ya no tienen el comedor de Humanidades. El grupo se ha dispersado y las denuncias de los ocho jóvenes que vivieron el infierno del 5 de junio no avanzan. Por eso, periodistas y activistas de Xalapa insisten: investiguen sus amenazas.

–Siempre existe la posibilidad de que fuera una casualidad—le digo a Julián Ramírez.

— No. No lo creo – responde con ironía. Luego me reta—. Mídelo en las consecuencias: después del asesinato en la Narvarte, el movimiento de estudiantes en Veracruz se acabó.

*Daniela Pastrana es fundadora de la red Periodistas de a Pie.





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